martes, 5 de abril de 2011

FRENTE A LIBERIA Y SIERRA LEONA: Entre Leach, Bulwer y Tortugas laud.


Durante el mes de marzo de 2011 he estado trabajando en aguas internacionales frente a Liberia, Sierra Leona y el sur de Guinea Conakry. En esta parte del Oeste africano y a más de 250 millas (450 km) de tierra hemos estado pescando Atunes de aleta amarilla (Thunnus albacares). El agua en esta parte del Atlántico está muy caliente y ronda entre los 29 y los 30 grados centígrados.
Una de las mejores formas de localizar esta especie de pescado es con la ayuda de las aves. Estos a su vez son localizados gracias a los potentes rádares de pájaros que posee el atunero y que son capaces de indicar la posición, rumbo y velocidad de vuelo a más de 20 millas (36 km) de distancia. Luego los ojeadores con la ayuda de grandes prismáticos de 180 aumentos informan al patrón si lo que acompaña a los pájaros son delfines ó atunes.
En esta época del año las aves marinas más abundantes son las pardelas cenicientas (Calonectris diomedea) y charranes sombrío (Sterna fuscata). Las pájaradas de estos últimos son muy numerosas y albergan entre 50 y 200 individuos. Sin embargo cuando las aves están pescando en asociación con atunes ó cetáceos estás llegan a ser muy variopintas y las forman hasta diez especies distintas.


Inmaduros de Charrán sombrío (Sterna fuscata)
Adultos en plena muda de Charrán sombrío (Sterna fuscata)

Las pajaradas de charranes sombrío se ven desde muy lejos. Cuando los grandes atunes están profundos estas se elevan a más de cincuenta metros de altura para mejorar la visión del agua, pero cuando el pescado pequeño emerge para intentar huir de sus predadores es cuando pican incesantemente en busca de alimento.
Con ellos suelen estar en muy reducido número charranes común (Sterna hirundo), Charranes patinegro (Sterna sandvicensis) e incluso fumareles común (Chlidonias niger). Estos aprovechan la menor oportunidad para posarse en objetos para descansar.

Charrán patinegro (Sterna sandvicensis)

Fumareles común (Chlidonias niger). Algunos ejemplares ya empiezan a tener la librea nupcial.
Con ellos van siempre los incansables y omnipresentes págalos. Aunque como ya os indiqué en la anterior entrada prácticamente el 90% de ellos son págalos rabero (Stercorarius longicaudus), también se encuentran en menor número págalos pomarino (Stercorarius pomarinus). Ahora están todos en plena muda. Así que el plumaje aunque no es tan espectacular, vienen muy bien para poder estudiarlos. Y como no, persiguen a los incautos charranes e incluso a los paíños de Leach (Oceanodroma leucorhoa) para arrebatarles las comida.


Págalos rabero (Stercorarius longicaudus)
Persiguiendo a un Leach (Oceanodroma leucorhoa)

El Paíño de Leach es una de las aves más comunes en esta parte del Atlántico. Podemos encontrar miles de ellos y con un plumaje nuevo y lustroso. No se quedaran mucho más tiempo por estas aguas. A partir de abril apenas podremos encontrarlos. Darán entonces paso a los wilson (Oceanites oceanicus) que suben de la Antártida.

Las pardeladas son las mejores para localizar atunes. Casi, casi, donde vemos estas aves tenemos asegurada la presencia de los grandes cimarrones. Aquí podemos encontrar las dos subespecies de pardelas cenicienta, las del Mediterráneo (Calonectris diomedea diomedea) y las del Atlántico (Calonectris diomedea borealis).


Los atunes de aleta amarilla (Thunnus albacares) llegan a dar grandes saltos


Las dos subespecies juntas
Pardelas cenicienta del Atlántico (C.d. borealis)
Pardela cenicienta del Mediterráneo (C.d. diomedea)

Este mes, así mismo, ya empiezan a llegar las primeras pardelas sombría (Puffinus griseus) y capirotada (Puffinus gravis).

Pardela sombría (Puffinus griseus)
También encontramos a las pichoneta (Puffinus puffinus) y con un poco de suerte a las pardelas de Cabo Verde (Calonectris edwardsii). Esta última no es tan común como cabría esperar. En tres años por estas aguas es la tercera vez que las veo. Un poco más pequeña que sus primas las cenicientas, suele interaccionar con ellas.
Pardela pichoneta (Puffinus puffinus)

Pardela de Cabo Verde (Calonectris edwardsii)
Gracias a las aves también podemos encontrar a los fascinantes Delfines acróbatas (Stenella longirostris). Me dejan con la boca abierta cuando pegan esos espectáculares saltos y giran sobre sí mismos en el aire, hasta cuatro veces, antes de caer de nuevo al agua. Son muy gregarios y nunca se acercan a los barcos.


Y no digamos si cuando la que salta es una ballena. Los Rorcuales tropical (Balaenoptera edeni) son muy abundantes y también saltarines. Es entonces cuando tenemos una buena oportunidad para ver ese característico color rosáceo de su vientre.

Una de las especies que más me fascinan son las tortugas marinas. En esta parte de África podemos encontrar seis especies. En esta ocasión he visto dos. Una enorme Tortuga olivácea (Lepidochelys olivacea) y un inmaduro de Tortuga laud (Dermochelys coriacea). Su caparazón sobresaliendo del agua es similar a un bote con la quilla al sol.


Tortuga laud (Dermochelys coriacea)

Tortuga olivácea (Lepidochelys olivacea)
Exóticos Rabijunco menor (Phaethon lepturus) volando a más de 40 metros de altura desde donde se lanzan en un torpe picado al agua para capturar algún pez.

Sólo una gaviota. La pelágica Gaviota de Sabine (Larus sabinii) mudando a plumaje nupcial.

Los petreles de Bulwer (Bulweria bulwerii) suelen ser más solitarios. Estas almas negras de vuelo errático tipo paíño con grandes arcos en sus planeos como los petreles tienen la costumbre de levantar la cabeza cuando vuela.


En la mar con un poco de suerte y horas en cubierta también podemos sorprender a otros habitantes marinos como las mantas diablo (Mobula mobular) llevar sobre sus lomos a grandes rémoras (Remora remora), a los enormes Marlines azul (Makaira nigricans), a las vistosas Dormilonas (Lobotes surinamensis) o a los espectáculares Peces vela del Atlántico (Istiophorus albicans) mostrar su gran aleta caudal mientras nada cerca de la superficie. Cuando se alimentan cerca de ella sacan su espada fuera del agua como los narvales mientras capturan sus presas con la boca.
Manta diablo (Mobula mobular)
Marlín azul (Makaira nigricans)

Dormilona (Lobotes surinamensis)

Pez vela del Atlántico (Istiophorus albicans)
Cuando la mar está bella, como un plato, en calma chicha... podemos apreciar mejor las técnicas de vuelo de los inquietos peces voladores.


Incluso ver como se forma una tromba marina o amaneceres de postal.

Un saludete
Gorka Ocio


domingo, 6 de marzo de 2011

COSTAS DE GHANA: DE PÁGALOS RABERO, CHARRANES REAL Y PECES VOLADOR

El trabajo me ha llevado, durante los meses de marzo de 2010 y 2011, a las aguas que bañan las costas ghanesas de Tema (Accra) y Takoradi. En esta parte del Golfo de Guinea la mar por lo general no da mayores problemas y suele estar en calma la mayor parte del año, aunque la humedad y el calor rallan lo asfixiante. La costa está salpicada de pequeñas calas y playas con una fuerte presión humana principalmente de pescadores locales. Sus puertos con muchas limitaciones son usados principalmente por cargueros de mineral y grandes barcos de apoyo de las plataformas petrolíferas.

Lo primero que llama la atención para un aficionado a las aves marinas es la ausencia total de gaviotas. Lo que sí encontramos son Charranes real (Sterna maxima) y charranes patinegro (Sterna sandwicensis) patrullando la línea de costa y en menor medida dentro de los puertos. En estos si encontraremos de forma relativamente abundante a los omnipresentes cuervos pio (Corvus albus) y a los milanos negro africano (Milvus migrans parasiticus).

Charrán patinegro


Charrán real

Con suerte también podemos encontrar algún Cormorán africano (Phalacrocorax africanus).

Sin embargo es cuando salimos a la mar cuando vemos la riqueza de estas aguas. Empezando por las primeras Gaviotas cocinera (Larus dominicanus) de tercer año y adultas, volando entre los barcos que se encuentran fondeados a 2 millas de la costa (3,6 km). He de decir, que en más de cuatro viajes distintos que he realizado a esta la zona, principalmente en Costa de Marfil y Liberia, nunca he visto un sólo lárido. De hecho, esta ha sido la única especie y curiosamente siempre frente a las costas de Ghana.


A medida que nos alejamos de la costa entramos en los dominios de los págalos. También tiene su lógica, gracias a la gran cantidad de charranes y fumareles que habitan en el Golfo. Sobre todo Fumareles común (Chlidonias niger) que saben sacar buen provecho de las balsas de hierva que arrastradas por los ríos flotan muchos cientos de millas mar adentro.

Efectivamente nos encontramos en los dominios de los págalos. Aunque podemos encontrar a nuestros cuatro págalos, son los pomarinos (Stercorarius pomarinus) y los rabero (Stercorarius longicaudus) los que se llevan el 85% de los avistamientos. Y estamos hablando de cientos de ejemplares. Eso si, todos están en plena muda avanzada, y no paran de atosigar a los esternas e incluso a los paíños como los Leach (Oceanodroma leucorhoa) o los madeira (Oceanodroma castro).
Págalo pomarino


Págalo rabero
Paíño de Madeira
Así mismo, y dentro del Golfo de Guinea también nos podemos encontrar con buenas manadas de Delfines Común de Hocico Largo (Delphinus capensis)

ó los más abundantes Delfines de Clymene (Stenella clymene).
Y con más suerte y de cerca a las Mantas diablo saltando fuera del agua (Mobula rancurelli).
Mientras recorremos millas saliendo a mar abierto, a las aguas profundas del Océano Atlántico,
levantamos a nuestro paso y con la proa del barco decenas de peces voladores.
Estos utilizan la parte inferior de su aleta caudal para impulsarse coleando fuera del agua mientras despliega sus aletas pectorales en un planeo vertiginoso. Los ejemplares grandes como los de la foto pueden volar antes de sumergirse de nuevo casi 200 metros de distancia. Todo un espectáculo.